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Capítulo IV
CRITERIOS PASTORALES COMUNES


69. Luego de explicitar el contenido y antes de destacar algunas acciones, es oportuno detenernos en formular cuatro criterios pastorales básicos (LPNE 5) que permitan delinear un estilo evangelizador común a todos.

La pastoral ordinaria y orgánica diocesana
Un camino integral de santidad
Todos sujetos y destinatarios de la tarea evangelizadora
Un itinerario formativo gradual

La nítida asunción de estos criterios (EA 37) por parte de los agentes evangelizadores, no es sólo una exigencia organizativa sino la forma de realizar la comunión misionera de la Iglesia en la Argentina.



La pastoral ordinaria y orgánica diocesana

La pastoral orgánica expresa el ser de la Iglesia: comunión y misión

70. Estamos llamados a trabajar tenazmente en nuestras diócesis para que el único programa del Evangelio y el proyecto de Dios sea el centro de la vida de cada comunidad eclesial. La Iglesia de Jesucristo subsiste y se encarna en cada Iglesia particular, donde se encuentran todos los elementos eclesiales necesarios para la santificación y la misión de cada cristiano y de todas las comunidades. Es tarea urgente de cada diócesis, presidida por el obispo como pastor (CD 11), lograr que la fuerza viva de Jesucristo y de su Evangelio llegue hasta el último rincón del territorio y a todos sus sectores y ambientes, evangelizando la cultura. Pero esto sólo es posible con la colaboración de todo el presbiterio (SD 55-57), la ayuda de los diáconos, la riqueza de las comunidades consagradas con sus carismas, y la participación activa de todos los fieles laicos (EA 55; NMI 29). Así la Buena Noticia podrá incidir en la sociedad y en la cultura de este tiempo y de cada grupo humano. Tenemos por delante la apasionante tarea de hacer renacer el celo evangelizador, en el horizonte exigente y comprometido de la pastoral ordinaria. Pero este acento no significa que cada uno realice sus tareas al margen del resto, sino que desarrolle su misión de un modo armónico e integrado en el proyecto pastoral de la diócesis que surja de un camino de variada participación: es la llamada pastoral orgánica.

71. Para lograrlo se requiere activar, potenciar y enriquecer las estructuras de diálogo y participación en cada Iglesia particular, que produzcan planes donde todos se sientan incorporados. Destacamos aquellos organismos eclesiales (NMI 44-45) previstos en el derecho: los Consejos Presbiterales, los Consejos Pastorales y de Asuntos Económicos, y demás estructuras constituidas para favorecer la actividad pastoral. Con el auxilio de Asambleas del pueblo de Dios y, también, mediante oportunos Sínodos diocesanos, u otras formas de consulta y participación, deseamos buscar el proyecto de Dios para nuestras Iglesias particulares (SD 58-64; SD 102; LPNE 45). Invitamos a todas las fuerzas apostólicas: parroquias, comunidades religiosas, colegios y universidades, instituciones, asociaciones, movimientos, grupos y organizaciones laicales, a sentirse llamadas a hacer su aporte, integrándose activamente en la pastoral orgánica de la diócesis, desde su identidad y función específicas.

72. Para asegurar la vitalidad de esta pastoral ordinaria y orgánica sobre todo hemos de retomar con energía el proceso de la reforma y conversión de nuestras parroquias (EA 41). Cada parroquia ha de renovarse en orden a aprovechar la totalidad de sus potencialidades pastorales (LPNE 43-44) para llegar efectivamente a cuantos le están encomendados. Con todos sus organismos e instituciones, ha de asumir decididamente un estado permanente de misión, en primer lugar dentro de su propio territorio, dado que la parroquia es para todos los que integran su jurisdicción, tanto para los ya bautizados como para los que todavía ignoran a Jesucristo, lo rechazan o prescinden de Él en sus vidas.

Un camino integral de santidad

No podemos ser peregrinos del Cielo, si vivimos como fugitivos de la ciudad terrena

73. La santidad es la perspectiva en la que debe situarse todo camino pastoral (NMI 30-31; EA 30-31). La tarea de la Iglesia se orienta a llamar a todos a alcanzar la santidad en plenitud. Tal plenitud se va edificando por medio de los sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. La santidad de nuestras comunidades, con sus expresiones de piedad, amable bondad en el trato, disponibilidad generosa y fervor evangélico, es lo que ha de sostener y potenciar las actividades propias de la pastoral ordinaria.

74. Por otra parte, todo camino integral de santificación implica un compromiso por el bien común social (RM 52-60). Se trata de presentar el anuncio de Jesucristo, Señor y Salvador (SD 287-303), con valentía, audacia y ardor testimonial, integrando mejor en la acción pastoral la opción por los pobres, la promoción humana y la evangelización de la cultura (EA 110). Nunca hemos de separar la santificación de los compromisos sociales. Estamos llamados a una felicidad que no se alcanza en esta vida. Pero no podemos ser peregrinos al Cielo si vivimos como fugitivos de la ciudad terrena.

Todos sujetos y destinatarios de la tarea evangelizadora

Todo el pueblo de Dios es sujeto y agente de la Nueva Evangelización

75. Hemos de insistir en el protagonismo de todos y cada uno de los bautizados, especialmente de los laicos y laicas (ChL 28; LPNE 38), favoreciendo su activa participación en las distintas instancias de las acciones pastorales: no sólo en la fase de ejecución, sino también en la planificación, en la celebración y en la metódica evaluación. Hemos de ingeniarnos para facilitar que en las actividades evangelizadoras también se integren los niños y los ancianos.

76. Reconocemos el potencial misionero de todo el pueblo bautizado como protagonista, no sólo destinatario, de la Nueva Evangelización (SM VI). Para ello, es de primera importancia atender a la religiosidad de nuestro pueblo, no sólo asumiéndola como objeto de evangelización sino también, por estar ya en alguna medida evangelizada, como fuerza activamente evangelizadora. Valoramos y queremos acompañar el actuar misionero espontáneo y habitual del pueblo de Dios (DP 396; DP 450; NMI 40). Hay una búsqueda de Dios que se percibe en las manifestaciones de la piedad popular, que otorga identidad cultural a nuestro pueblo y es transmisora de verdadera fe católica.

77. Deseamos encontrar los modos de llegar a todos los bautizados, propiciando su inserción cordial en la vida de la Iglesia (DP 462), porque la mayor parte de los bautizados no han tomado plena conciencia de su pertenencia a ella (SD 96). Se sienten católicos, pero no siempre miembros de la Iglesia. Procuraremos hacernos prójimos de los excluidos de la historia para introducirlos en la misma experiencia que nos ha cambiado la vida. La Nueva Evangelización implica un esfuerzo por salir al encuentro de todas las mujeres y varones de nuestros ambientes, especialmente de los que se sienten más alejados, allí donde se hallan y en la situación en la que se encuentran, para ayudarles a experimentar la misericordia del Padre.

Un itinerario formativo gradual

Respetuosos de los procesos de las personas y comunidades

78. La tarea evangelizadora ha de tener en cuenta la cotidiana experiencia de la gente, lo que viven las personas, sus inquietudes, sueños, expectativas y preocupaciones que vibran en sus corazones. Son innumerables los acontecimientos de la vida y las situaciones humanas que ofrecen la ocasión de anunciar, de modo discreto pero eficaz (EN 43), en respetuoso diálogo con la cultura, lo que el Señor desea comunicar en una determinada circunstancia (ChL 4-9; PDV 10). Es necesaria una verdadera sensibilidad espiritual para llegar a leer el mensaje de Dios en los acontecimientos que son signos de los tiempos.

79. Insistimos en la necesidad de una auténtica pedagogía de la santidad (NMI 31) que la presente como un ideal atractivo, posible con la ayuda de la gracia, en cada momento de la existencia personal. Así se promoverá un itinerario de formación permanente para la maduración de la fe (LPNE 51-53; FC 6). Al proponer este ideal, queremos estar atentos a las situaciones y a los procesos de las personas y comunidades. Aunque los principios morales han de ser siempre propuestos y defendidos con claridad (HV 19; FC 34), el crecimiento espiritual y el desarrollo de la conciencia moral son procesos graduales (FC 9), generalmente lentos, en los que la gracia de Dios trabaja con la libertad débil del hombre, sin violentarla. Se trata de una libertad llena de condicionamientos que, en determinadas circunstancias, pueden disminuir la responsabilidad de las acciones (CCE 1735). No obstante tales condicionamientos, el Espíritu Santo quiere hacernos crecer en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Por consiguiente, no podemos renunciar al deber de formar pacientemente las conciencias (VC 3.5), de manera que los corazones humanos acepten la verdad y la ley de Dios, alcanzando así su liberación más íntegra (VS 42).

Este documento se ofrece instar manuscripti para su divulgación. Es una copia de trabajo para uso interno de El Movimiento de la Palabra de Dios, y ha sido depurada dentro de lo posible de errores de tipeo.